Como ya había mencionado, toda mi familia están inmersos en el trabajo docente, por lo que desde pequeña supe lo que era dar una clase, y como era ser maestro. Aunque al principio me revele y no me sentía con la capacidad suficiente para ser maestra, quise estudiar otra carrera; termine la Licenciatura en Nutrición en la Universidad Veracruzana, por asares del destino tengo contacto ya como adulto con los niños, desarrollando una clase para ellos. No puedo describir eso que sentí en ese momento pero el ver su cara de asombro de que aprendían algo y su admiración hacia su maestro me hizo cambar mi manera de pensar y ver que si era capaz de ser maestra también; debo aclarar que me gustan mis dos carreras ninguna es de relleno ni nada por el estilo realmente tengo la convicción y el gusto por mis trabajos.
En el corto tiempo que tengo trabajando, me he dado cuenta de las diferencias en las que aprenden los niños de ahora y como aprendí yo. Aun recuerdo la maestra que regañaba por todo y no podías siquiera moverte de tu lugar ni siquiera para tirar basura. Era una escuela tradicional donde el docente explica y los alumnos únicamente toman nota, realizan los ejercicios y las tareas; el examen era el que tenía más peso para obtener una calificación aprobatoria. En la actualidad se trabaja por proyectos formativos, no solo en transmitir conocimientos sino en que se puedan aplicar en la vida diaria.
Por lo anterior y por el constante cambio en el que se encuentra nuestro mundo globalizador es que me actualizo, por medio de cursos, diplomados y ahora la maestría para poder desarrollar mis conocimientos, habilidades y destrezas necesarios para implementar estrategias que me ayuden en mi labor docente.
Mi objetivo es desarrollar esas mismas habilidades, destrezas y competencias para la vida, en mis alumnos y que a través de la interacción me permita aprender también de ellos.